Expatriación infantil: ventajas y retos de una vida internacional

Descubrir un nuevo país, aprender a valorar culturas distintas y aceptar las diferencias... Para un niño, la experiencia de la expatriación cuenta con innegables ventajas. Pero dejar atrás un entorno familiar para mudarse al extranjero no es un cambio insignificante en la vida de un niño. De acuerdo con el último sondeo del Global Expatriates Observatory a cargo de Berlitz, el 52 % de los expatriados consideran que la aclimatación de los niños resultó un proceso fácil. ¿Cómo puede uno contribuir a que un niño se sienta a gusto en un país extranjero? ¿Cómo repercuten los aspectos identitarios en un niño expatriado que esté constantemente pasando de una cultura al otra?

Dejar que el niño participe de la aventura de la expatriación

Tanto si planea emprender su primera experiencia de expatriación como si ya acumula toda una colección de estancias en países extranjeros, tiene que dejar que sus hijos sepan sus planes con suficiente antelación. Las inquietudes que a un niño le inspire la expatriación dependerán de su edad y de su personalidad. Un niño de tres años podría estar preocupado por qué pasará con sus juguetes, mientras que un adolescente podría mostrarse reticente a abandonar su círculo de amistades. Involucrar a sus hijos en el proceso desde el principio es una forma efectiva de granjearse su confianza y de que vean en la expatriación un cambio positivo y estimulante. Hay muchas formas de implicar a los niños en la aventura:

  • Dejarles que colaboren en las labores de traslado pidiéndoles que marquen cajas o que las vayan llenando con sus cosas;
  • Pedirles que le ayuden con parte del papeleo y los trámites administrativos: matriculación en una escuela extranjera, solicitudes de pasaporte o visado, encontrar un nuevo hogar, escoger una póliza de seguro para expatriados, etc.;
  • Apúntelos a cursos de idiomas;
  • Aprenda cosas acerca de su destino con ellos consultando mapas, leyendo guías, registrándose en foros de debate o sugiriéndoles que seleccionen los primeros lugares que visitarán;
  • Ayúdeles a escoger actividades extraescolares para cuando lleguen;
  • Hable a menudo de su futura vida en el extranjero con ellos, etc.

Cuanto más implicado esté un niño y más sepa a qué atenerse, más suave tenderá a ser la transición.

Anticiparse a los problemas de integración

Dejar todo tras de sí y habituarse a un nuevo entorno y nuevas costumbres requiere una gran capacidad de adaptación. Aunque los niños expatriados suelen lograr aclimatarse a la vida en el extranjero con una rapidez pasmosa, es esencial estar a su lado durante el proceso de integración. Según el país, la aclimatación puede resultar de mayor o menor dificultad. Por ejemplo, el sondeo Expat Explorer Survey 2012 elaborado por HSBC otorga a Canadá el mejor puesto en cuanto a integración infantil satisfactoria, mientras que Kuwait ocupa el noveno lugar.

Hay diversas formas de ayudar a un niño a adaptarse al país de destino.

Propiciar oportunidades para que se relacionen.
La escuela no es el único lugar para hacer amigos. Participar en actividades extraescolares y juntarse con otras familias expatriadas también dará lugar a que los niños hagan amistades.

Adoptar una nueva forma de vida sin perder algunas antiguas costumbres.
¿Jugaba usted siempre al mismo juego de mesa con los niños los fines de semana? ¿Iban todos juntos a la piscina una vez por semana? Siempre que pueda, mantenga vivos estos hábitos. Vivir en el extranjero no significa que tenga que renegar de todas las costumbres y «tradiciones» que sus hijos disfrutaban en el país natal.

Aprendizaje del idioma: ¿necesita su hijo un poquito de ayuda?
A menudo los niños pequeños son capaces de hacerse muy pronto con un idioma. Para un adolescente el aprendizaje tiende a resultar más tedioso y en algunos casos será más que recomendable apuntarlo a clases de idiomas.

Niños expatriados: ¿sin raíces o ciudadanos del mundo?

A veces, los niños que viven una expatriación de larga duración o reiterada padecen problemas de identidad.

¡Ya no sé de dónde soy!

¿Cómo es para un niño británico haber pasado la mayor parte de la infancia en Singapur o para un niño español haber vivido ya en tres países distintos antes de cumplir los diez años? Para un niño expatriado los cambios constantes entre la cultura del país de origen y la del país de destino supone un difícil juego de malabares. Construir un sentimiento de arraigo y lograr no sentirse un extraño allá donde va pueden resultar arduos ejercicios. Los niños tienden a crear su propia cultura de expatriados, adoptando aspectos de cada cultura sin siquiera llegar a sentir que pertenezcan totalmente a una u otra. A estos niños se los suele llamar en inglés third culture kids (‘niños con una tercera cultura’). A menudo, los niños creen que son de todas partes, aunque nunca acaban de encajar realmente en ninguna, por lo que aprovechan su experiencia como expatriados para fabricarse un sentimiento de pertenencia y, de forma natural, sentirán afinidad por aquellos otros niños que hayan vivido experiencias semejantes.

¡De mayor, quiero ser expatriado!

El sondeo del Global Expatriates Observatory revela que el 22 % de los expatriados encuestados procede de familias que han vivido en el extranjero, mientras que el 19 % proviene de familias multiculturales. La probabilidad de que un niño expatriado opte por un estilo de vida nómada (de forma temporal o permanente) cuando sea adulto es elevada. A algunos la vida sedentaria les parecerá insípida y otros desearán mudarse a otra parte. Las consecuencias y las ventajas de la experiencia de expatriarse nunca resultan insignificantes: los niños expatriados suelen convertirse en personas muy adaptables y de mente abierta.

Más información acerca de la expatriación infantil:

Intercambie experiencias y lea información de interés en los sitios web de Moving Planet y Expat Kids.

Fecha de publicación : 10 Jul 2013

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